ÉTRETAT – nuestro hermano mayor

Hoy vamos a mirar un poco más allá y nos vamos a ir de turismo a Francia, concretamente a Étretat, una pequeña localidad situada en la Alta Normadía en plena Côte d’Albâtre, o Costa de Alabastro: 140 Kilómetros de costa de acantilados que sorprenden por su verticalidad y la blancura de su roca.


La playa, entre dos acantilados

El pueblo, de tan sólo 1640 habitantes, se encuentra situado entre dos impresionantes acantilados blancos tallados a través de los siglos por el viento.

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Si ya impresiona ver los acantilados desde su playa de galets o guijarros, piedras especialmente mimadas por los lugareños (incluso hay una película que se titula así, Les Galets d’Étretat) que defienden al pueblo de los poderosos efectos de las mareas de la zona, es imposible parar de caminar, dejando a un lado la pereza, aún viendo la distancia a recorrer para subir a sus acantilados y acceder a unas vistas privilegiadas.


“Falaise d’Aval” y “L’Aiguille”

Situados en la playa, a la izquierda encontramos la Falaise d’Aval: Un gran arco de sílex formado por los golpes de las olas. Ésta es la que recuerda a nuestra playa de las catedrales, aunque un “poquito” más grande, ya que mide aproximadamente unos 70 metros de altura!! frente a los 30 de los arcos de nuestras Catedrales. Echándole imaginación dicen que se puede ver un gran elefante que moja su trompa en el mar, con su cabeza, sus orejas, su cuerpo… todo! También es verdad que no es tan sencillo verlo… :). Justo frente a él se encuentra l’Aiguille o la “Aguja”, con 51 metros de altura, que emerge del mar y de la que se dice que es hueca por dentro.

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Desde aquí puedes disfrutar de unas impresionantes vistas de toda la costa, y si quieres puedes hacer un alto en el camino y echar la vista atrás para ver cómo los golfistas se desesperan al tener que sacar su pelota de un pozo de arena.


“Falaise d’Amont”

Si este acantilado tiene unas vistas que cortan el aliento, quizás se vean superadas por las que se pueden observar desde el que se encuentra al lado derecho del pueblo, llamado la Falaise d’Amont, ya que desde aquí se pueden observar a la izquierda la majestuosidad del “elefante” y de la “aguja” (La Falaise d’Aval y l’Aiguille) citados anteriormente, y a la derecha la absoluta verticalidad de los acantilados que alcanzan aún mayor altura, así como colonias de gaviotas que revolotean emitiendo graznidos que se amplifican al rebotar en las paredes de piedra. Totalmente mágico.acantilados

Para los más devotos, en este punto se encuentra una pequeña capilla, llamada Notre Dame de Garde.

Éste puede ser un buen lugar para sentarse en la hierba a comer un bocadillo y fotografiar el paisaje, aunque para el que prefiera un restaurante, el paseo de la playa está repleto, con menús que no resultan demasiado caros y con los que satisfacer el paladar. La “comida rápida” en Francia no son las hamburguesas, sino los mejillones marineros con patatas fritas!!! O “Moules frites”.  Te los ofrecerán en tooodos los restaurantes de costa tanto de la Bretaña como de Normandía, y puede acabar convirtiéndose en la base alimenticia de unas vacaciones… y con gusto!

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Este paisaje ha inspirado durante siglos a artistas y bohemios de toda Francia, entre los que se encuentra Monet, que vivió aquí durante algunos años.

Un paisaje para dejar pasar las horas y soñar despierto.

A Bientôt!!!